Miedo en la ciudad de los muertos vivientes

Año: 1980 | Dirección: Lucio Fulci | Producción: Dania Film | Guión: Lucio Fulci, Dardano Sacchetti | Música: Fabio Frizzi | Fotografía: Sergio Salvati | Reparto: Catriona MacColl, Christopher George, Carlo de Mejo | Género: Terror | Duración: 92 minutos.

Buceando por los lugares más recónditos de esa gran web que es Filmaffinity encontré la siguiente reflexión, construida como si de un proverbio foráneo se tratase: Amar el cine fantástico, en toda su categórica y maravillosa extensión, es amar Paura nella città dei morti viventi. Si no, eres una puta mierda”. Sorprendentemente, me encontré a mí mismo estando de acuerdo con esta afirmación, excepto en la parte que refiere a la irrespetuosidad con el que no piensa igual.

Casi cuatro décadas después del estreno de algunas de sus cintas más célebres, Lucio Fulci, quién firma Paura nella città dei morti viventi, la película mencionada en ese enunciado, sigue siendo venerado y vilipendiado a partes iguales. Servidor, aún desconocedor de gran parte de su obra, una cosa tiene clara: Miedo en la ciudad de los muertos vivientes es cine fantástico en su máximo expresión.

Como he dicho, para algunos Lucio Fulci fue siempre un genio incomprendido y para otros, un patán con mucha suerte. Sin posicionarme en ninguno de los dos extremos, hablaré del romano como un director muy particular cuya peculiar filmografía nace de su contexto y sus circunstancias vitales: Lucio tuvo una vida bastante diferente (y más dura, para qué mentir) que muchos de sus compañeros de esta caprichosa profesión que es el cine, incluso entrando en el saco de sus paisanos dedicados al exploitation. Por supuesto, no a todo se le puede dar explicación lógica y mucho de lo escrito hacia él nace de suposiciones vestidas de falsa sabiduría, pues el romano nunca fue de los de hablar de más, dejando en incógnita muchos aspectos de su obra.

Antes de llegar a 1980, Lucio Fulci había dirigido dramas, comedias, spaghetti westerns y algún que otro giallo destacado por la perversión de sus imágenes. Es por estas últimas que le llega, en 1979, la oferta del productor Fabrizio de Angelis de dirigir un exploit de muertos vivientes que se iba a estrenar como Zombi 2, falsa secuela de El amanecer de los muertos de George A. Romero. El caso es que, sin entrar en muchas de las virtudes de ella, pues no nos atañe, diremos que es una película que suple la falta de cualquier sustancioso comentario social que si tiene Romero con una serie de imágenes perversas y macabras.

Tan solo un año después, Fulci da el siguiente paso y pasa al orden de lo sobrenatural, de lo onírico. A la violencia física y podredumbre de su primera cinta de muertos vivientes le añade una atmósfera que bien firmaría el Lovecraft más alejada del horror cósmico, si su talento hubiese sido la cámara y no la pluma. Con ello, establece las bases estéticas de una trilogía apócrifa conocida como Las Puertas del Infierno, a la que seguirían su reconocídisima El más allá (L’ Aldilà) y Aquella casa al lado del cementerio (Quella villa accanto al cimitero).

Durante el plazo de tres años en que rodó y estrenó estas polémicas tres obras, Fulci se despreocupó completamente de establecer una solidez y lógica narrativa para centrarse en las imágenes. Sabedor de que el cine de terror debe mucho de su triunfo o fracaso a su orden visual, nuestro señor director se despreocupó del contenido para centrar toda su atención en la forma. Así trabajan también los artistas plásticos, quienes encuentran en Italia un extenso legado de maestría en su gremio.

La estructura narrativa está tejida de forma que se van sucediendo un batiburrillo de influencias, recortes de diferentes telas que conforman una historia que no funciona dentro de sus propias reglas, pero no tiene que hacerlo. Así pues, con un argumento de curas ahorcados, cementerios, puertas al infierno, médiums, entes sobrenaturales a caballo entre la pura aparición espectral y el muerto viviente clásico… Fulci nos introduce con suma maestría en una atmósfera pesadillesca donde se suceden una serie de imágenes de una truculencia extrema: la violencia en Fulci es hiperbólica y exagerada, pero tiene esa plasticidad con la que atravesar la pantalla y seducir los más bajos instintos del espectador.

Se suceden las escenas de este brutal tour de forcé hasta que acabamos en una cripta donde Fulci realiza una reedición de los conceptos visuales que impuso en su Zombi 2, pero mejorando y engrandeciéndolo. Tras el clímax en la cripta, asistimos a uno de los finales más absurdamente ridículos que se recuerdan.

Es cierto que fuera de estas virtudes la película no cuenta con los valores técnicos de lo que consideraríamos como buen cine, más allá de la fantástica banda sonora de Fabio Frizzi, digna de mención en alguna conversación sobre las mejores BSOs de cine. Las actuaciones son mediocres siendo muy bondadoso, encabezadas por un Christopher George que se haría cara familiar del cine de género a principios de los 80 (Mil gritos tiene la noche, El día de graduación) y Catriona MacColl que poblaría con su melena rubia las otras dos partes de esta trilogía.

Algunos diálogos y situaciones son risibles, y el guion, firmado por el propio Fulci y Dardano Sacchetti (su colaborador habitual por la época) es muy difuso, dando la impresión de estar escrito por un niño pequeño jugando a imitar a los maestros del terror. Por no hablar de situaciones totalmente carentes de lógica que sacan de quicio incluso al más abierto de mente (cierta escena con un taladro…). Pero si uno sabe comprender y asimilar sus carencias, el impacto visual lo compensará. Y para reconocer y perdonar esta clase de errores, hay que amar el cine fantástico, como bien dijo aquel sabio anónimo que cité al principio de la crítica.

En definitiva, termino esta crítica posicionándome a favor del viejo Lucio. Y es que construye, con su saber hacer detrás de los focos, una película de un poderío visual que conseguiría atraparme aún siendo muda. Lanzo un mensaje a todos aquellos incrédulos del gran Fulci. A veces hay que dejarse llevar y disfrutar, por que si alguien consigue tapar argumentos ilógicos, lagunas de guion y unos valores técnicos absolutamente deleznables, ese es él.

Si te has quedado con ganas de ver más críticas de este corte, no dudes en echar un vistazo a nuestra crítica de Seoul Station (2017): La digna precuela de Train To Busan. ¡Nos vemos en los comentarios!

Reseña Panorama
Miedo en la ciudad de los Muertos Vivientes (1980)
9
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