Gladiator II llega como una de las secuelas más esperadas del año y con una lista de expectativas muy grande para cumplir, ¿lo conseguirá? La película se estrena hoy viernes 15 de noviembre en cines.
2024 ha sido el año de las secuelas tardías, con películas como ‘Alien: Romulus‘, que volvía rescatar los orígenes de la franquicia, o ‘Bitelchús Bitelchús‘, una continuación que llegaba 36 años después, donde la lista sigue y sigue. No obstante, si hay una película que realmente resonó en una generación fue ‘Gladiator‘, tanto, que hoy en día es considerada como un monolito cultural.
24 años después, en plena era de la explotación de la nostalgia tanto en Hollywood como en prácticamente todas las áreas —esto es algo que comentaré más en profundidad al final de esta crítica—, tenemos a nuestra disposición la secuela de ese monolito. Una que incluso cualquier fan afirmaría que es innecesaria, pero que igualmente es una de las películas más esperadas del año.
Son múltiples las preguntas que surgen respecto a ella, aunque la más importante resuena más alto una vez uno visualiza Gladiator II: ¿era esta la película que necesitábamos como digna sucesora? La respuesta es simple y concisa. No.
En la época en la que ‘Gladiator’ se estrenó, la cinta fue lo suficientemente anticuada y visionaria al mismo tiempo. Una película de acción —tampoco demasiada— y discurso, casi shakespeariana, con imágenes y sets nunca vistos y con un uso de las ultimísimas tecnologías VFX de la época; pero también una película con un ritmo extraño y entrecortado, diferente, aderezada con giros de guion o dispositivos narrativos evidentes y mal introducidos. Una cinta con luces y sombras, pero con un clarísimo acierto que consiguió que esta pasara a los anales de la historia: un empuje dramático comandado por un fantástico Russell Crowe en el pleno apogeo de su carrera, que supo llegar al corazón de cada espectador, obligándolo a sintetizar la lucha de Máximo como la suya propia.
¿Es esta secuela mejor que la original? Sí y no, hay muchísimos matices. A los 86 años, Ridley Scott continúa demostrando su dominio magistral del cine a gran escala, orquestando el caos con precisión mientras que demuestra que su ojo para el espectáculo continúa intacto. Pero cualquiera que conozca al director, sabe perfectamente que con él siempre es como tirar una moneda al aire. Nunca se sabe por donde va a salir.
Gladiator II mejora en muchas cosas respecto a su predecesora y rellena ahí donde esta escaseaba, formando un resultado de proporciones épicas de gran magnitud. Un reparto estelar, escenas de acción estimulantes y apabullantes y un despliegue de medios sin igual convergen en una secuela entretenida cuanto menos. Sin embargo, lamentablemente funciona también como un espectro sin el alma de la original. Se desvía lo suficiente como para justificar su existencia, pero sugiere una simplificación bruta de todo lo que hizo que ‘Gladiator’ fuera tan especial.
En última instancia, Gladiator II desempeña un trabajo superlativo para ser una película palomitera, pero otro mediocre en términos de identidad, resonancia o verdadero homenaje hacia la película protagonizada por Máximo. En esencia, es un remake maquillado como secuela, porque es evidente que es la cinta que Scott siempre quiso hacer y que no pudo hacer en su día, seguramente por la falta de medios de la época.
Por ello, está obsesionada con recuperar el espíritu de la cinta del 2000, replicando casi cada momento destacado, como si de alguna manera tuviera que ir tachando uno a uno para justificar ser una mejor secuela. En conclusión, una decepción que se siente inmediatamente por debajo de la impronta de su predecesora, con un guion desastroso y repetitivo, pero que se dispone como una cinta imponente y amena. Un facsímil —me encanta esta palabra— desastroso y exitoso a partes iguales, que curioso ¿no?
Problemas

El gran problema que arrastra Gladiator II es el guion torpe y decepcionante de David Scarpa, que repite junto a Scott tras la colaboración de ambos en ‘Napoleón‘, y todo por el prisma en el que se enfoca. Intenté sacar la original de mi cabeza a pesar de que fuera una secuela directa, pero es imposible cuando la película invita a comparaciones en prácticamente todas las escenas.
El guion reutiliza extractos de la partitura, escenas, planos e incluso líneas repetidas de diálogo, y cualquiera que sea la intención —intentar convencer a través de la nostalgia—, esto solo sirve para resaltar las deficiencias claras que presenta esta cinta.
Gladiador II tiene una narrativa y configuración ‘más complicada’ en comparación, con varios hilos que van en diferentes direcciones y que provocan una pérdida de potencial para una trama más convincente. Cuenta con muchas vías potenciales poco convencionales e intrigantes para que la historia se sostenga, pero en lugar de capitalizar eso y explorar un nuevo territorio, se decide por intentar adaptar todo al marco de la película original, con ritmos de historia repetidos, que se sienten cada vez menos plausibles.
Introduce demasiada acción —que no significa que sea mala—, lo que provoca que esta acabe exenta de las apuestas emocionales y se sienta principalmente como una distracción, como si nosotros fuéramos los romanos que asistimos al Coliseo. Aun cuando esta se siente épica, siempre deja la sensación de una falta de algo, y como consecuencia, el ritmo de la película se ve tremendamente perjudicado, siendo pausado para volverse frenético y desordenado en algunos momentos.
Incluso la banda sonora no puede reunir la energía y la grandiosidad de la que firmó Hans Zimmer en el 2000. Hubiera sido una tontería esperar que esta superara las composiciones icónicas de la primera película, pero aquí la música no tiene un sabor distinto, ningún sentido de musicalidad o dinamismo. Se siente convencional y sin inspiración en todas sus formas, siendo una baja notable.
Otra decisión creativa que desentona es la introducción de demasiados efectos generados por ordenador, lo que provoca que muchos de ellos destaquen y no precisamente para bien. Capitaneados principalmente por los animales que hacen aparición, los efectos son sorprendentemente malos y exagerados y, además de sentirse tremendamente obsoletos y artificiales, acaban por forzar la credibilidad del espectador hasta los mismísimos extremos, introduciendo a la cinta incluso en los terrenos de la ciencia ficción.
Los problemas que genera el guion continúan con los personajes. Hay demasiados, lo que provoca una falta de tiempo para invertir en ellos y que estos sean en gran parte unidimensionales, o tengan tramas tremendamente ridículas, desatando momentáneamente risas inesperadas. Aunque si hablamos de trama ridícula, no puedo evitar pronunciarme sobre la principal.
Es bien sabido gracias a los tráileres o por casi todo el material publicitario, que el protagonista de la cinta es Lucio, el hijo de Lucilla y Máximo. Pues bien, la trama principal se pasa la mitad de la cinta —más de una hora— haciendo dudar al espectador, o intentándolo, sobre la identidad del personaje de Mescal, para luego descubrirlo como Lucio, como si se tratara de una verdadera revelación. Resulta extrañísimo que la trama gire en torno a esto y que se revele en la propia campaña de promoción de la cinta. Me hace preguntarme: ¿alguien del departamento de prensa de verdad no se ha dado cuenta de todo esto?
Espectáculo

Como secuela, Gladiator II se enfrentaba a expectativas altísimas. Superar a una película que marcó a una generación era prácticamente imposible, pero, como he comentado anteriormente, lo consigue en algunos apartados. Aun con sus evidentes problemas en la trama, Gladiator II ofrece y entrega unas escenas de acción y batalla completamente espectaculares.
Scott nos regala algo más grande y más loco, presidido principalmente por la majestuosidad del Coliseo de Roma —construido físicamente en un 60% de lo que se ve en pantalla— y dejando unas set-pieces de acción tan rimbombantes como debían ser en la época. El arena, el agua y la sangre llenan la pantalla, mostrando un ejemplo de las locuras que sabemos que cometían los romanos en ese espacio para su propio disfrute.
Los elementos técnicos brillan en todo momento, dejando un diseño de vestuario y de producción que capturan tanto el esplendor imperial de Roma, como su decadencia, aunque de nuevo con varios anacronismos. Scott está mucho más preocupado por construir grandes emociones cinematográficas antes que ser un abanderado del realismo histórico, como ya demostró en ‘Napoleón’, y en ese sentido la película es un éxito rugiente, con momentos visceralmente desagradables donde la violencia se impone y se une a la testosterona.
Lo más destacado de Gladiador II, sin duda, son las batallas de gladiadores, y la película ofrece una emocionante variedad de ellas. Scott presenta una colección fresca e inventiva de bestias y escenarios. Se imagina nuevas formas en que la gente de la antigua Roma podría haberse entregado al brutal espectáculo de la arena, con secuencias que dominan casi la mitad del tiempo de ejecución. El emocionante espectáculo que regala es prácticamente todo lo bueno que tiene por ofrecer y en el que, por suerte, cumple con creces.
Personajes

La sombra que dejó Máximo Décimo Meridio es más grande de lo que parece, y esta se tenía que intentar igualar con un reparto a la altura. Paul Mescal toma el mando, pero no consigue destacar como figura debido al papel tan limitado con el que le han hecho trabajar.
Mescal tiene un cierto encanto discreto, que si bien es posible que no comande el magnetismo crudo que Crowe trajo a Máximo, que consistía en una presencia central más dominante y exagerada, crea un personaje completamente propio. Donde vacila ligeramente es en los grandes discursos conmovedores, careciendo de la gravedad que podríamos esperar. Termina sintiéndose más como un símbolo —rozando más el cliché— que como una persona real.
Con el liderazgo moderado de Mescal, las actuaciones de apoyo tienden a dominar la narrativa y a sobrepasar la figura central, aunque no todas por igual. Como ocurre con el personaje protagonista, muchos luchan frente a papeles planos y sin profundidad, haciendo todo lo posible con el material que obtienen.
Connie Nielsen vuelve como Lucilla. Sin embargo, mientras que su trabajo anterior tenía un propósito integral, su presencia aquí funciona más como un dispositivo narrativo que como un personaje real, y muchas de las escenas más débiles de la cinta fuera de la arena son en las que ella se encuentra. Está prácticamente interpretando a un fantasma de la fascinante versión de Lucilla que nos dio en la primera película.
Pedro Pascal interpreta a Marco Acacio, un héroe reacio de Roma que recuerda a la caracterización de Máximo, y que seguramente hubiera sido una mejor elección para replicar el ímpetu de ‘Gladiator’. Sin embargo, su personaje posiblemente sea el más perjudicado por la escritura, convirtiéndolo en apenas un boceto. Las primeras escenas de la cinta prometen una versión matizada de rencores personales que lamentablemente no se confirman en el resto de la película, donde el conflicto entre él y Lucio jamás llega a convencer o a alcanzar cotas dramáticas reales.
Los emperadores Geta y Caracalla, interpretados por Joseph Quinn —el rockero de la última temporada de ‘Stranger Things‘— y Fred Hechinger, quedan renegados a personajes que forman la personalidad completa de Cómodo, interpretado por Joaquin Phoenix anteriormente, como si este se hubiera dividido en partes. Ambos son caricaturas repletas de clichés que bordean la parodia, con poco desarrollo más allá del nivel de la superficie. Nunca tenemos una idea de la dinámica interna de los hermanos hasta demasiado tarde en la historia, quedando todo muy apresurado.
El único actor que se acerca a emerger tan ileso como Mescal es Denzel Washington. Y no sólo eso, porque literalmente roba toda la película y emerge como el comodín de la historia, impulsando gran parte de la trama. Al igual que el resto del elenco, Macrino es un boceto de un personaje en el mejor de los casos, pero Washington es un actor demasiado bueno como para no exprimir ese boceto y divertirse. Da una de las actuaciones más exuberantes y carismáticas de su carrera, que lo convierte en una presencia magnética. Es realmente emocionante verlo en la pantalla, y es tan absolutamente convincente que su presencia se convierte en lo mejor de Gladiator II.
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Consecuencias

Gladiator II es una mera consecuencia de la fiebre de la nostalgia que asola casi cada área cultural. Desde videojuegos, libros o películas, ahora es el momento de explotar ese sentimiento hasta la saciedad, y la rueda insaciable de Hollywood es la gran abanderada de esto. Desde Disney realizando películas live action de sus cuentos clásicos hasta las franquicias interminables con numerosas entregas, cada vez hay menos espacio para que los verdaderos proyectos originales salgan a la luz.
Para bien y para mal, Gladiator II es una epopeya de principio a fin. Un espectáculo defectuoso pero atractivo, que está mucho más en línea con ‘Napoleón’ que con ‘Gladiator’: impresionante para la vista, pero extenso y desenfocado. Carece del impacto y la innovación técnica que hicieron que el original se convirtiera en tal monolito y arrastra problemas con la caracterización y la coherencia de la historia, pero el sentido de la escala y de la inventiva visual —por no mencionar el rendimiento eléctrico y divertido de Washington— significa que la película nunca es nada menos que recomendable.
Pocas secuelas pueden estar a la altura de sus primeras partes, y Gladiator II no es ‘El padrino. Parte II’ en ese sentido. Es un espectáculo que ofrece en términos cinematográficos algo que pocas películas actuales pueden igualar y que a pesar de ser un desastre completo por sentirse demasiado comprometida con la nostalgia, cumple. Al final lo realmente importante para muchos lo resumía Máximo en uno de sus discursos: ¿Os habéis divertido? ¿No habéis venido a eso?
Ficha Técnica ‘Gladiator II’
Título original: Gladiator II
Año: 2024
País: Estados Unidos
Dirección: Ridley Scott
Guion: David Scarpa
Reparto: Paul Mescal, Pedro Pascal, Connie Nielsen, Denzel Washington, Joseph Quinn, Fred Hechinger, Lior Raz, Derek Jacobi, Peter Mensah, Matt Lucas
Música: Harry Gregson-Williams
Fotografía: John Mathieson
Productora: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido; Scott Free Productions, Red Wagon Productions, Paramount Pictures
Género: Acción. Aventuras. Drama
