Reconozco que la última película que había visto de Julio Medem fue Lucía y el sexo. Está claro que debí dejar al cineasta en su momento más alto de creatividad y madurez artística porque no entendía las bromas continuas sobre su cine. Los chistes como el celebrity que le hicieron en Muchachada Nui o un capítulo entero dedicado a él en Museo Coconut me resultaban muy divertidos, pero no los entendía. Después de ver El árbol de la sangre, comprendo perfectamente por dónde iban los tiros.

El árbol de la sangre comienza con un precioso plano del árbol en cuestión. Una de las imágenes más bellas del reciente cine patrio. Al siguiente plano, la película se le va por completo de las manos a Julio Medem. Veamos por qué.

El árbol de la sangre 01

El punto de partida que nos propone Medem es la historia de 2 familias entrelazadas entre sí durante tres generaciones. La pareja formada por Marc y Rebeca se reúnen en una casa familiar para sacar a la luz sus respectivos entresijos familiares. Hasta ahí bien, el problema es que a cada secreto que desvelan es cada vez más imposible que el anterior. Aquí reside el principal problema de El árbol de la sangre, que no hay quien se la crea.

Medem dota de gravedad y trascendencia a unos escenarios completamente inverosímiles, con lo que se introduce irremediablemente en el tono de comedia involuntaria. Sólo voy a decir una cosa, me reí más con El árbol de la sangre que con Ola de crímenes. Ahí lo dejo. Los lazos familiares provienen de Andalucía, País Vasco y Cataluña, algo que nos recuerda al exitazo de Ocho apellidos. Para Martínez Lázaro lo que une a los diferentes pueblos de España son los lazos emotivos y un proyecto de futuro común. Para Medem, sin embargo, lo que vertebra a España es la mafia rusa. Así tal cual. Aunque mira, que estamos aquí criticando a Medem y lo mismo esa es la solución para este país. Yo ya me lo espero todo.

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Y ahí no se queda la cosa: los andaluces vivimos todos en cortijos rodeados de toros. Sólo faltaban por ahí rondando a los Morancos y José Manuel Soto. La familia vasca, por supuesto, es etarra. Yo no sé por qué no le plantaron un lazo amarillo a todos los catalanes de la película. Total, ya puestos, era lo único que faltaba. Y si pensabas que Medem ya no podía hacer algo menos creíble, aquí llega el más difícil todavía: Najwa Nimri es andaluza. ¡Ni Buñuel se atrevió a ser tan surrealista!

El árbol de la sangre 02

La trama es tan rebuscada, tan imposible de creer que los desgarrados sentimientos de los personajes no llegan al espectador. Te los muestran, te dicen que están ahí, pero no atraviesan la pantalla. Solamente en la resolución de la película, Medem es capaz de sobrecogernos. El último tramo es verdaderamente emocionante, pero claro, eso tendría que haber llegado en los primeros diez minutos, no en los últimos.

El gran aliado de Julio Medem es el portentoso trabajo de edición. Seguramente ésta sea uno de los mejores montajes que nos haya llegado este año a las salas de cine. La montadora Elena Ruiz consigue que el relato fracturado no se convierta en inconexo. Y esos últimos diez minutos son pura magia gracias a la sensibilidad de Medem (ahora sí) y de la intuición de Ruiz para estructurarlos.

Sea como sea, Julio Medem conseguirá que vuelva a hablarse de su cine. Seguramente no en los términos que más le gustaría, pero señor Medem, ahora que sé que me estás leyendo, te digo algo completamente en serio. Aquí a alguien a quien no le ha convencido tu película no ha dejado de hablar de ella. Créeme: Eso es TALENTO.

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Reseña Panorama
El árbol de la sangre
5.5
Redactor de cinefilosfrustrados.com - Mi blog personal: Cosas buenas de pelis malas : super8an.wordpress.com