En el marco del Film Fest de Barcelona, y tomando poco a poco velocidad de crucero en nuestro regreso a las salas, asistimos a la proyección de Regreso a Hope Gap: un drama centrado destrucción de un matrimonio, el difícil papel de su hijo y en una pátina formal de inusitado relax que rodea todo el film.

William Nicholson, novelista, guionista y director, presenta su nuevo film, Regreso a Hope Gap, en el que asistimos a la ruptura de un matrimonio con casi treinta años de historia y las consecuencias inmediatas de ello. Especialmente para Grace y el hijo de la pareja, Jamie, sin duda víctima colateral de todo ello, pero también catalizador de revelaciones vitales en un film que emana una paz, un componente de serenidad, que incita a su disfrute pese a la complicada situación que viven sus personajes.

Regreso a Hope Gap 01

Regreso a Hope Gap podría verse como la versión senior de Historia de un matrimonio. La premisa, sin duda, difiere del film de Noah Baumbach, pero las intenciones son similares: el fin de un matrimonio, en un entorno social y geográfico que no suscita motivaciones más allá de lo personal, y una aproximación a los personajes basada en los diálogos y en la empatía neutral. Y en estos casos solemos fiar todo al libreto, la dirección y las interpretaciones. Y en este particular, como casi todo buen film sobre personajes, en los diálogos.

En ese punto chocamos contra una pared invisible pues Regreso a Hope Gap reviste casi todo su interés en lo que transmiten Grace, Edward y Jamie durante las primeras semanas de su separación en cada uno de sus encuentros, desavenencias, recuerdos del pasado y reflexiones del presente. Nicholson, no obstante, pese a su neutralidad en ese proceder reflexivo, parte de una premisa en la que Grace (Anette Bening) se dibuja como una persona de trato difícil, demandante en sus expectativas, creyente y ante todo inconformista con la situación. Por contra Edward (Bill Nighy) emana tranquilidad y al mismo tiempo un sentimiento de hartazgo pasivo que le lleva a tomar la decisión más radical de su vida.

Regreso a Hope Gap 02

En este punto uno diría, leyendo estas líneas, que podríamos caer en terreno del Woody Allen ochentero, aquel que parió films de introspección personal absolutamente brillante basada en los diálogos y en un estudio empático e inteligente de los personajes, lleno de reflexiones interesantes. Y en buena parte Regreso a Hope Gap podría, en un universo paralelo, haber sido un film de Allen, pero Nicholson despliega un manto intermedio y sugestivo que nos ha encandilado. Por un lado la utilización formal de distintas voces en off de las que, advertimos, no sobra ni una sola palabra (y eso que, una de ellas, se apropia de un relato histórico para encauzarnos una metáfora de la situación), y por otra la posesión, ventajosa, del marco marítimo de Hope Gap como pueblecito costero inglés de sonido de gaviotas, océano y ese olor característico que… Bien, no podemos oler literalmente, pero acude a la mente.

Regreso a Hope Gap, siguiendo la estela de aquella Historia de un matrimonio, prescinde de artificios escénicos y lo fía todo a la desnudez íntima de dos seres que ven su vida interrumpida por distintas razones (voluntaria e involuntariamente) y en una aproximación a sus personalidades en las que se confía en el espectador y en su juicio, como plausible realidad, advirtiéndonos -desde el principio- que, tal vez, no pretenden darnos ninguna lección de vida sino un pedazo -por cruda y realista que sea- de ella.

Reseña Panorama
Puntuación general
7
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