Nicolas Cage vuelve a resurgir como nunca en Pig, una película inesperada y poética enmarcada por una maravillosa fotografía y una visión lúcida y cercana de la existencia.

Pig me parece poesía en unos tiempos en que la poesía en cine es poca y lo pasa mal. Desde esos planos de luz cenital filtrándose entre las ramas del bosque al silencio repleto de miradas en el que se comunican en su mayor parte los personajes.

Porque esta es una película de silencios, miradas y primeros planos, un ejercicio delicado y sutil como los tres tiempos en que se desarrolla la acción con una dirección impecable del debutante Michael Sarnoski. Una reflexión sobre la búsqueda de alguien a quien amamos en las antípodas de cómo lo podría experimentar el asesino ruso de Keanu Reeves o el siempre eficaz resolviendo afrentas Liam Neeson.

Una mala noticia para los que busquen una historia de acción y venganza. Si John Wick podría subtitularse “mía es la venganza”, el personaje que aquí encarna un templado Nicolás Cage ofrece con simbolismo redentor la otra mejilla todas las veces que sean necesarias para lograr su objetivo. No sabría decir cuál de ambos es más tenaz en su empeño.

Pig

Sí hay una similitud clara entre ambos personajes aparte del arranque que justifica el viaje y el desarrollo de la película y es que en ambos filmes no sabemos en principio quién es el protagonista, parecen tipos más que corrientes y ello hace que sean despreciados y tildados de don nadie hasta que el milagro del nombre coloca las cosas en su sitio (ese lugar ficticio en el que la etiqueta te dota de poderes para moverte en sociedad y a la sombra de la cuál puedes ser un paria, un magnate o un asesino)

Cinta pausada y contemplativa, hay cosas en el pasado del protagonista que no se nos acaban de aclarar del todo porque tampoco es necesario, la atención del espectador podría desviarse hacia esos hechos y podríamos entrar en la trampa de juzgar el porqué de esto o aquello y si la decisión que llevó al protagonista a elegir su vida presente era de peso o no. Quizás así perderíamos de vista lo que hace grande a esta película que es precisamente su cuidadísima sencillez.

Las salpicaduras de humor en la película nos hielan la sonrisa cuando miramos a los ojos de Rob, que no sonríe en ningún momento, porque la risa es una construcción social que hay que practicar y la soledad es otra protagonista de esta película. Los personajes de Sarnoski están dolorosamente solos, especialmente los que no viven aislados en el bosque.

Nada de eso importa, lo que merece y mucho la pena es el viaje, el camino, cuyo origen es el amor más simple, más limpio, más elemental, un amor que no responde a las insinuaciones que Amir (el personaje interpretado por Alex Wolff)hace a Rob sobre su relación con el objeto de su búsqueda ) ni a ningún otro análisis porque a veces el amor es sólo eso y cualquier ser vivo puede despertarlo si la sensibilidad para apreciar de verdad las cosas existe en el individuo.

Pig

El personaje de Rob es amable, exquisito, lúcido y brillante, sus argumentos inapelables, sus motivos emocionan y su filosofía conmueve en estos tiempos de egoísmo, consumismo, locura y caos.

Amir acompaña el peregrinaje de Rob como un Sancho Panza sin sobrepeso, protestando y poniendo en duda las motivaciones de su compañero.  Ambos personajes se complementan como vara de medir del otro. El desarrollo de la relación entre ambos y su lenta aproximación construye el delicado armazón de esta película.

Al final del camino el chico habrá modificado su visión de la vida, el hombre habrá recuperado el valor para hacer frente a los recuerdos que más duelen y nosotros, si somos afortunados nos habremos puesto en camino también y recogido el tesoro que Sarnoski nos ofrece.

Podría parecer Pig una película pequeña siendo por el contrario enorme. Todos los temas que acosan al ser humano están contenidos en ella a cara descubierta, sin que los asfixien los efectos especiales, el brillo ni el CGI…el amor de todo tipo y su ausencia, la pérdida, el duelo, la ambición, la soledad, lo absurdo de la sociedad de consumo, de mantener las apariencias, la posibilidad de una catástrofe natural que nos haga desaparecer de la faz del planeta al que tanto maltratamos, el arte, la belleza… porque es esta una película trágica y bella —a veces cruelmente bella— que en su desarrollo  hace hermosos a sus personajes.

Gracias señor Sarnoski por este regalo envuelto en evocadores paisajes, olores y sabores. Gracias por acercar un trocito de lo verdaderamente real a este mundo saturado de irrealidad, trampas publicitarias y manipulación mediática. Y, gracias por estos personajes mucho más personas-incluyendo animales-que otros con los que nos cruzamos a diario por la calle.

Y me queda por pedirte, Rob un último favor, sé que eres un hombre tranquilo y no te gustan las visitas pero tengo una sartén en bastante buen estado que seguro podrías utilizar y sería un placer, si me lo permites, pasar a visitarte y compartir unas setas y algo de conversación.

Reseña
Pig
9
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