El último film de Liam Neeson, La memoria de un asesino, debuta el próximo viernes 22 de julio con todo lo que debe contener un evento de este tipo: acción policial, un asesino imposible de frenar, heridas emocionales básicas y sobre todo una potente lucha, fraternal en el fondo, entre machotes torturados emocionalmente. No es 1985 pero casi.

En determinado momento de La memoria de un asesino, una más en la insaciable carrera de Liam Neeson como héroe de acción, el protagonista se encuentra en el clásico bar de un hotel cualquiera. A su lado una mujer, notablemente más joven, se toma algo sola cuando de repente repara en el irresistible atractivo de ese tipo que parece absorto en sus pensamientos, su bebida y su pose de potente subterfugio masculino. Sin dudarlo ella le lanza un sensual ataque que nuestro apolonio recibe con esa suerte de mezcla de indiferencia y seguridad. El encontronazo sexual está garantizado. Sí: La memoria de un asesino es de ese tipo de películas. Así, sin contenerse.

La memoria de un asesino (01)

No todo está perdido. No cae abruptamente en el tópico ochentero pero debemos apuntar el notable esfuerzo en que esto parezca una película del cine de acción hortera de aquella década. A saber: un asesino profesional, ya en los albores del retiro, recibe un encargo que incumple sus normas más elementales. Por supuesto es una niña. Esa negativa inicia una vengativa tormenta de ejecuciones que pone en alerta al clásico equipo policial del FBI. Sin ánimo de penetrar más allá, por aquello del spoiler, La memoria de un asesino se jacta en todo su metraje de no alejarse de lo que uno esperaría de una película de este tipo.

¿Existe en La memoria de un asesino la dosis necesaria de carga dramática, interpretativa, o de libreto, capaz de elevar este producto por encima de su planteamiento e intenciones? No. Salvo, claro, clubs de fans de Liam Neeson o del género en si mismo. Tal vez, y no caemos aquí en la ironía, Guy Pearce (en el papel de otro tipo atormentado) propone un rebote interpretativo, con cierta sustancia en su ejecución, que permite unas mínimas dosis de drama bien rematado. Incluso parece una suerte de Leonard, el de Memento, reconvertido a agente traumatizado del FBI. Todo es posible.

La memoria de un asesino (02)

El problema, en el fondo, de La memoria de un asesino es que tampoco alcanza cuotas suficientes en el imaginario del cine de acción de pelo en pecho. Neeson, o su personaje, transita levemente por paisajes mil veces vistos pero no convence; el trauma humano, social y político, que atraviesa el grupo del FBI ante la explotación sexual de menores, aunque apela a lo humano, no se ve reflejado en un tamiz dramático que compense la falta de energía de un film que debería, cuanto menos, ser un portento de pólvora y satisfacción masculina.

Lo mejor, sin duda, es la platónica relajación de la villana (no es spoiler: no se trata de un film dado a lo sutil), una Monica Bellucci que aporta algo femenino en un plantel absolutamente lleno de señores (enfadados). Tal vez, y en eso esta vez si que abandonamos el tono irónico, esto sea el gran mérito de La memoria de un asesino: parece una película de 1985 y esto hoy en día debe ser difícil incluso de garantizar en cuanto a financiación. Antropología cinéfila.

 

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