El escritor P̶a̶u̶l̶o̶ ̶C̶o̶e̶l̶h̶o̶, R̶h̶o̶n̶d̶a̶ ̶B̶y̶r̶n̶e̶, Romain Puertolas se hizo millonario con un cuento sobre las virtudes de la pobreza. Semejante desfachatez la adapta al cine el canadiense Ken Scott, para ver si le resulta igual de lucrativo. Vamos a pasar por alto la contradicción de llenar la cartera de alguien que os dice lo maravilloso que es ser pobre porque el resultado no le ha quedado nada mal.

De la India a París en un armario de Ikea narra la vida de un pobre hindú llamado Aja que sale de La India para llegar a París (el título ofrece lo que promete, de eso no hay duda).

En esta fábula, la huida de la pobreza le llevará por media Europa para contarnos que sin suerte, por más que nos esforcemos, no podremos conseguir nuestro sueño. La película de Scott te cuenta aquello que los gurús del hacerse a uno mismo o del pensamiento positivo siempre callan: 

Puedes matarte a trabajar toda la vida que como no estés en el sitio adecuado en el momento preciso con la persona indicada… olvídate de tu sueño. ¡Ay, la diosa Fortuna, lo puñeterísima que es! Aparte hundirte y dejarte bien claro que lo más seguro es que nunca logres tus sueños, De la India a París en un armario de Ikea nos regala un 2×1 en manuales de autoayuda, como la tienda sueca.

El primero es que el final del camino no es forzosamente la que tenías en mente cuando emprendiste la marcha. La segunda es que no es tener dinero lo que te hace ser rico (a menos que seas Romain Puertolas, claro). El gran sueño americano, eso de que si deseas algo y luchas por ello siempre lo consigues no es sólo falso sino también perverso. Lleva implícito que si la cosa no funciona, la culpa es tuya. No es nada gratuito que el punto de partida sea la tienda Ikea, la empresa que ha popularizado el hacer las cosas por uno mismo, hasta los muebles de tu casa.

Un momento… sé lo que me vas a decir. ¿Una fábula ambientada en París? ¡Igual que en Amelie! ¿Y en la India? ¿No es lo mismo que en Slumdog millionaire o La vida de Pi?

Pues Minipunto para Ken Scott, porque consigue desprenderse de las referencias más fáciles para no caer en un batiburrillo de lugares comunes. No obstante, ha perdido una oportunidad de oro para haber creado su propia mitología, su estilo propio, al igual que lo hicieron Jeunet, Lee y Boyle. Quizá le haya faltado valor, ambición… o talento para hacerlo.

Otra pega que le encuentro es que cae en el cine “de postal”. ¿Que estamos en París? Pues ponemos de fondo la Torre Eiffel. ¿Que estamos en Roma? Pues nos damos una vuelta en vespa por la plaza del Capitolio. Para que lo entiendas, es un poco lo que hizo Rob Marshall con Memorias de una geisha: Mostradnos Japón con los ojos de un guiri.

A Ken Scott se le da bastante bien jugar con los mecanismos de las feel-good movies. De la India a París en un armario de Ikea es más tramposa que un político en campaña electoral, pero consigue envolverte para que te creas la mitad de lo que pasa y la otra mitad la pases por alto.

Es un poco que, aunque eso es imposible que pase… como que ojalá las cosas ocurrieran así. Ese mérito hay que reconocérselo porque no es fácil mantener la suspensión de credulidad en una sucesión de hechos imposibles. Desde el primer momento te lo dejan muy claro: Esto es un cuento, y como tal te lo has de tomar.

El elenco no puede haber estado más acertado. El peso de toda la película lo lleva Dhanush (así, sin más, como los grandes. Como Napoleón, Mahoma, Homero y las Tortugas Ninjas). Es un actor desconocido en Occidente pero para nada un recién llegado. No es el mejor actor del planeta (No digo que sea malo) ni es especialmente guapo (tampoco digo que sea feo) pero posee la sonrisa más sincera, luminosa, contagiosa y bonita de todo el universo cinematográfico. Por otro lado volvemos a recuperar a dos nominados al Oscar a los que habíamos perdido un poco la pista.

Bénérice Bejo (The artist) hace de Penélope Cruz y le sale bastante bien. Por otro lado, Barkhad Abdi (Capitán Philips) tiene un físico con el que lo tiene crudo para optar a papeles protagonistas (no creo que cuente con ellos) pero con el que no le va a faltar trabajo nunca (y, de hecho, no le falta).

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De la India a París en un armario de Ikea nos dice que es mejor ser buena persona que ser rico porque, para qué engañarnos, nadie se ha hecho de oro siendo bondadoso. No te va a cambiar la vida, pero mira… qué bonito es que te cuenten un cuento durante una hora y media, que para tragedias ya está la vida misma.

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Reseña Panorama
De la India a París en un armario de Ikea
8.5
Redactor de cinefilosfrustrados.com - Mi blog personal: Cosas buenas de pelis malas : super8an.wordpress.com