¿Controlan los judíos Hollywood? Parte 3

Llegamos al siglo XXI, que supuso en el cine (y en la sociedad en general), la irrupción de la identidad en el centro del discurso. En este nuevo cine identitario, esperaríamos que, por fin, la figura del judío se asentara definitivamente, pero me temo que la realidad es un poco más compleja.

¿Qué significa exactamente “cine identitario”? Pues con ese término se refiere a películas donde la historia pone en primer plano la identidad de los personajes; especialmente en torno a raza/etnia, género, orientación sexual o religión. Es, a grandes rasgos, que el quién eres importa tanto como lo que te pasa: La identidad no es el contexto, es el mensaje. Sí, hablamos de lo woke “de toda la vida”

Este cine identitario busca contar las historias que antes se han silenciado por las personas que no han tenido voz antes, con un posicionamiento político explícito de visibilizar, denunciar y/o reequilibrar la representación de las minorías. Lo vemos en películas como Moonlight, The Eternals, Barbie, Déjame salir… y en un millón de películas más.

Otro punto de su discurso es la descolonización cultural; es decir, que no sea el blanquito de siempre el que hable desde su punto de vista privilegiado y forastero sobre esas minorías, sino que sean ellos mismos los que cuenten su propia historia. También, todo hay que reconocerlo, en los peores casos suele ser cargantemente moralizante y maniqueo, simplificando la realidad entre buenos y malos. Eso cuando no es directamente autoritario, pontificando acerca de qué, cómo y quién puede hacer una película.

Muchos directores han criticado estos postulados. Martin Scorcesse lo vivió en sus carnes con la película Los asesinos de la luna. Se le atacó fuertemente porque, para una vez que se hablaba de las comunidades indígenas, lo hiciera un blanco “desde fuera”, desde el punto un vista ajeno al de una comunidad infravisibilizada en el cine. Scorcesse se defendió alegando que al arte es universal y que nada puede limitar la creatividad. Al fin y al cabo, un director de la nación Osage (la protagonista de su film) podía perfectamente rodar una película desde su visión, pero que eso no invalidaba su propio trabajo.

Dicho todo esto. ¿Hay un cine identitario judío actual? Pues sí y no. Existe algo que podríamos llamar así, pero no es tan abundante ni tan homogéneo como en otros ejes (raza, género, etc.). Aun así, hay ejemplos claros donde la identidad judía pasa a ser el centro del relato y del mensaje, no solo un rasgo más. Tenemos Disobedience (2017), una historia de amor entre dos mujeres ortodoxas, y series como Transparent (super woke, porque trata sobre una transexual judía) o Unortodox, que se articula absolutamente sobre la identidad y libertad. Quizá el título que más abraza este espíritu es Gente como vosotros, que aborda el conflicto entre las familias de una pareja, él judío blanco y ella musulmana negra.

Sin embargo, esto es lo anecdótico, porque la fiebre identitaria no ha llegado a la comunidad judía norteamericana. Por el contrario, este nuevo cine judío se articula más bien sobre en qué consiste en nacer, crecer y ser judío en Estados Unidos. En otras palabras, los nuevos directores reflejan y cuestionan la relación entre Estados Unidos y el judaísmo. Lo que nos van a proponer es siempre una propuesta íntima, personal y fuertemente autobiográfica sobre qué es ser judio y estadounidense. Aquí tenemos a Ari Aster (Beau is Afraid) los hermanos Safdie (Diamantes en bruto, Marty Supreme), Jesse Eisenberg (Un dolor real), Noah Baumbach (Historia de un matrimonio) o Brady Corbet (The Brutalist). Incluso los Coen (A serious man) y Spielberg (Los Fabelman) se dejaron caer en esta nueva tendencia. Qué maravilla Los Fabelman y qué maravilla Spielberg. Algún día hablaremos de cómo está siendo esta última etapa de su carrera, porque va a obra maestra por año y parece que no nos damos cuenta.

La pregunta entonces es… ¿Por qué no hay un cine identitario judío, si ahora toda minoría hace cine identitario? Pues por dos razones principales. La primera es la sensación de que los judíos siempre han estado en el cine y no necesitan un “espacio seguro”. Da igual que ahora las productoras de cine sean multinacionales, se siguen viendo los hilos invisibles de los productores judíos gobernando Hollywood. En segundo lugar, porque al judío en Estados Unidos no se lo percibe como minoría invisibilizada y marginada, sino como parte del blanco privilegiado. De todas las cuotas raciales están excluidos. Da igual que 2024 fuera el peor año para el antisemitismo en EE. UU. con más de 9.300 incidentes registrados, los judíos están considerados como parte del problema. En Hollywood exigen que haya un mínimo de personal negro, hispano, LGTBI… pero no judío porque ellos se perciben como parte del sistema.

El comediante David Baddielen su libro Jews don’t count (Los judíos no cuentan) sostiene que en la lucha contra el racismo hay una jerarquía y que los judíos ocupan el escalón más bajo. Su argumento principal es que, mientras la izquierda progresista es extremadamente sensible a las microagresiones contra otras minorías, el antisemitismo a menudo se pasa por alto o incluso se tolera bajo el pretexto de la crítica política. En Antisemitismo. El eterno retorno de la cuestión judía, el sociólogo del CSIC Alejandro Baer llega a unas conclusiones parecidas, analizándolo desde la perspectiva social española.

Esto es lo más llamativo de todo. Justo cuando el cine y la sociedad se han despertado a darle voz a las minorías y a revertir las injusticias históricas… incluso así han vuelto a marginar a los judíos.

Post Data: En 2024, se reflejó un aumento del 60% en agresiones a judíos y un 321% en incidentes, discursos y ataques de carácter antisemita. ¿En Estados Unidos? No. En España. Y el caso español será nuestra siguiente entrega de esta saga.

Eitán
Eitán
Soy de Santander, pero es que tengo esta gracia en el hablar

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