¿Controlan los judíos Hollywood? Parte 1

¿Controlan los judíos Hollywood? ¿Hay una conspiración judeo-masónica en el mundo del cine que mueve los hilos de lo que podemos y no podemos disfrutar? ¿Existe es el lobby poderoso que impide que los cineastas hablen de determinadas cuestiones?

Spoiler: no.

La unión entre los judíos y la industria del cine es una idea que ronda en la cabeza de nuestro subconsciente colectivo. Todos tenemos en la cabeza la imagen de una cúpula de productores judíos millonarios y poderorísimos que deciden lo que se puede y no se puede filmar. Ya lo dijo Steve Martin en la ceremonias de los Oscar de 2009: «En Malditos bastardos, Christoph Waltz interpretó a un nazi obsesionado con encontrar judíos. Pues bien, Christoph… ¡aquí tienes el premio gordo!» (señalando la platea del teatro).

Unos años después, el oso de peluche protagonista de la película Ted le pregunto a Mark Wahlberg que si él era judío. El co-protagonista de Ted dijo que era católico y el oso le reprochó esa respuesta, pues si quería seguir trabajando en Hollywood tenía que decir que era judío. Estos chascarrillos responden a una idea bastante asentada: Que los judíos controlan Hollywood. ¿Hasta qué punto es esto verdad o un síntoma más de la teoría de la conspiración judía para gobernar el mundo?

Vamos a empezar por el principio y aquí soltamos el bombazo; Hollywood, en efecto, fue (casi) fundada por inmigrantes judíos. Pero vamos a matizarlo. El cine en sus inicios no era considerado un arte, sino un divertimento popular para las clases bajas. Era cualquier cosa excepto un medio de comunicación respetado. La gente respetable iba a la ópera y al teatro. El cine era para inmigrantes, trabajadores y clases populares.

Para pensar en cómo era consumir el cine de finales del siglo XIX y principios del XX habría que pensar en lo que es hoy YouTube y TikTok. Algo para pasar el rato, pero que por más currado que esté un vídeo, nadie se tomaría en serio llamarlo expresión artística. Poco a poco, la gente que decide qué tiene buen gusto y qué no, empezó a tratar al cine con menos desdén. Algo parecido a lo que está pasando ahora, que en los Globos de oro se ha premiado también al mejor podcast. Ojo, que lo mismo cualquier día le dan un Oscar al mejor youtuber.

Resumiendo: que todavía en el cambio de siglo, el cine se veía como algo hecho por chusma para la chusma. Por esta razón, los diferentes oficios del cine se fueron ocupando con personas judías. La razón era sencillísima, tanto en Europa como en Estados Unidos, los judíos eran considerados ciudadanos de segunda. Tenían vetado trabajar en gremios respetables, por lo que no les quedaba más remedio que el refugiarse en los campos que no le interesaban a los demás. Esta es la verdadera razón por la que el cine empezó a llenarse de judíos: El cine era un lugar seguro.

Piensa en el fútbol actual. Para cualquier chico homosexual, no se me ocurre un escenario más hostil. Difícilmente se interesará en entrar en ese oficio, porque este ambiente no lo va a acoger. Por el contrario, una chica lesbiana sí se ve arropada en el mundo de fútbol. No es que haya una predisposición especial que haga que te interese más un oficio u otro, es justo lo contrario. Hay oficios a los que tú le interesas o no, y como al cine no le importaba que hubiera judíos, los judíos fueron al cine.

No creo que hoy en día nos podamos hacer idea del clima de antisemitismo que había a finales del siglo XIX. Aunque nos pensemos que todo surgió de la cabeza de aquel austriaco del bigotito, lo que hizo fue recoger un sentimiento de odio hacia la población judía que no hacía más que crecer. En Estados Unidos, universidades como Harvard aplicaban cuotas para limitar estudiantes judíos hasta los años 20 (Recuerda Carros de fuego) y muchos hoteles y clubs tenían políticas “No Jews”. Tampoco te vayas a pensar que esta discriminación era cosa de esos tiempos. Me imagino que has visto Dirty dancing. Pues esta película está ambientada en un campamento de verano para judíos, porque todavía en los años sesenta no se les permitía ir de vacaciones con los demás. No había leyes de segregación racial como les pasaban a la población negra, pero la ley no escrita era que nadie quería judíos.

Por lo menos en Estados Unidos el antisemitismo era social, pero El violinista en el tejado, que se sitúa sobre 1905, nos cuenta cómo el Imperio ruso expulsó de sus fronteras a la población judía autóctona por el mero hecho de serlo. En la Alemania imperial de la Republica de Weimar, muchos judíos estaban integrados en la vida urbana; pero todavía encontraban límites en el ejército, la administración y ciertas profesiones tradicionales. En cambio; las industrias nuevas como el cine, la prensa, el teatro o la publicidad tenían menos estructuras sociales cerradas. Políticos como Adolf Stoecker defendía limitar la influencia judía y excluir judíos de cargos públicos. No lo decía en los años treinta, sino en 1870. Es entendible que, los que se lo podían permitir, salieran huyendo de Europa.

Por eso, muchos fundadores de Hollywood eran inmigrantes judíos. Era de los pocos negocios donde se les permitía hacer dinero… porque tenía el mismo respeto social que ellos: Ninguno. Así entraron en escena los fundadores de los grandes estudios; como Adolph Zukor (Paramount), Carl Laemmle (Universal), Louis B. Mayer (MGM) y William Fox (Fox). Solo United artists RKO y Disney fueron fundadas por protestantes.

¿Significa esto que los productores trataron de crear una imagen del judío amable o películas que ensalzaran a la comunidad? En absoluto. Los fundadores de Hollywood querían ser aceptados como americanos, idealizando la sociedad a la que querían pertenecer. No había protagonistas judíos, historias judías explícitas ni una identidad visible.

¿Por qué? Probablemente por tres razones: Primero, por miedo al rechazo social. Segundo, por estrategia comercial (hacer películas “para todos”) y, tercero, por deseo de integración. Estos judíos querían ser parte del sistema, no verse como diferentes. Así empezaron a producir películas que mostraban familias perfectas, valores tradicionales, patriotismo, éxito personal y optimismo. Crearon la imagen estereotipada del héroe americano… protestante y blanco. Levantaron la maquinaria cultural americana, pero durante décadas evitaron contar su propia historia.

Vamos a ilustrarlo con un ejemplo que no da lugar dudas. Todos conocemos Superman. El superhéroe fue creado también por dos judíos, Jerry Siegel y Joe Shuster. ¿Qué nos enseña? Que el inmigrante Kal-El (Nombre de resonancia semítica. El significa Dios en hebreo) podía pasar perfectamente desapercibido como un ciudadano norteamericano más. Kal-El cambia su nombre a Clark Kent y actúa como lo que se espera que ha de ser para no levantar sospechas. Pese a que los estudios eran manejados por magnates judíos, Bernard Schwartz, Issur Danielovitch y Betty Joan Perske se cambiaron el nombre a Tony Curtis, Kirk Douglas y Lauren Bacall para ocultar sus orígenes judíos.

Otro ejemplo. La primera película oficialmente sonora de la historia, El cantor de jazz, está producida por judíos, protagonizada por un judío y cuenta una historia de judíos. Eso sí: de lo que debía hacer un judío en Estados Unidos: Asimilarse. El personaje principal, Jakie Rabinowitz, abandona la idea de cantar para la comunidad judía y triunfa en el jazz haciendo llamar Jack Robin. Eso debían hacer los «buenos» judíos: que no se les notara.

En todo el periodo de los grandes estudios, sólo se realizaron dos películas que hablaban abiertamente del antisemitismo estadounidense. Una fue La barrera invisible, maravilla dirigida por esa basura humana llamada Elia Kazan. ¿Cómo pudo la persona más despreciable de todo Hollywood haber rodado las películas más comprometidas con las minorias sociales? Es que, si no lo sabes, Kazan fue el que denunció a sus propios compañeros cuando la caza de brujas del McCarthismo. Su cine era prodigioso, él era despreciable. Seguimos, La barrera invisible trata sobre un periodista al que le encargan hacer un reportaje sobre las dificultades sociales que arrastra la comunidad judía. En plan Samantha Villar, se dijo que no era lo mismo contarlo que vivirlo y se hace pasar por judío para experimentar en su propia piel ser un ciudadano se segunda. Es maravillosa y, si no la has visto, te la recomiendo encarecidamente.

La otra película es Encrucijada de odios, una cinta de cine negro sobre la investigación policial de un asesinato por motivo de odio a un judío. Lo más curioso es que esta cinta la produjo RKO, que decíamos que era uno de los estudios de fundación protestante. No la puedo recomendar porque no la he visto, básicamente, pero fue la primera cinta de serie B nominada al Oscar a la mejor película, así que me la pongo en la wishlist.

El cambio tardó décadas. No fue hasta mucho más tarde cuando algunos directores empezaron a hablar abiertamente de identidad judía en el cine americano. Pero de eso hablaremos en la siguiente entrega.

Eitán
Eitán
Soy de Santander, pero es que tengo esta gracia en el hablar

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